Esc Helena Pinen ... — Bajo El Esquirlado Cielo De
 
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Kaelen comprendió entonces que el cielo esquirlado no era una barrera, sino un espejo roto de lo que el mundo fue, y que cada pieza que caía era un recuerdo que Esc Helena Pinen intentaba devolver a la tierra, pedazo a pedazo, aunque en el proceso los matara a todos.

—Mantén los ojos en el rastro, muchacho —gruñó la voz de Elara a través del comunicador—. Si una de esas esquirlas cae mientras estás distraído, no quedará ni el polvo de tus huesos para enterrar.

Elara caminaba unos metros por delante, su capa andrajosa ondeando en un viento que no movía la arena, sino que vibraba en los dientes. Eran buscadores de "eco-resina", la única sustancia capaz de sellar las brechas en las cúpulas de la ciudad subterránea. Esc Helena Pinen era un cementerio planetario, pero para los supervivientes, era una mina de oro y muerte.

Kaelen ajustó la válvula de su respirador mientras caminaba por la duna de sílice. Cada paso sonaba como cristales rotos bajo sus botas de cuero reforzado. Sabía que no debía mirar hacia arriba por demasiado tiempo; el "esquirlado" tenía una forma hipnótica de fracturar la cordura de los hombres, proyectando visiones de futuros que nunca sucederían o pasados que dolían demasiado recordar.

Bajo el esquirlado cielo de Esc Helena Pinen, el aire no se respiraba, se cortaba. Las nubes, si es que se les podía llamar así, eran fragmentos de cristal de obsidiana que flotaban en una suspensión magnética, reflejando una luz violeta que no parecía venir de ninguna estrella conocida.

—Resina —susurró Elara, acercándose con el extractor listo—. Pero mira el color, Kaelen. Esto no es normal.

La resina no era ámbar, sino del mismo tono que el cielo antes de la Gran Fractura. Al tocarla con la sonda, una imagen se proyectó sobre la superficie del cristal más cercano: un bosque verde, cielos azules y una mujer que se parecía extrañamente a Elara, sonriendo bajo un sol de verdad.

Esc Helena Pinen ... — Bajo El Esquirlado Cielo De

Kaelen comprendió entonces que el cielo esquirlado no era una barrera, sino un espejo roto de lo que el mundo fue, y que cada pieza que caía era un recuerdo que Esc Helena Pinen intentaba devolver a la tierra, pedazo a pedazo, aunque en el proceso los matara a todos.

—Mantén los ojos en el rastro, muchacho —gruñó la voz de Elara a través del comunicador—. Si una de esas esquirlas cae mientras estás distraído, no quedará ni el polvo de tus huesos para enterrar. Bajo El Esquirlado Cielo De Esc Helena Pinen ...

Elara caminaba unos metros por delante, su capa andrajosa ondeando en un viento que no movía la arena, sino que vibraba en los dientes. Eran buscadores de "eco-resina", la única sustancia capaz de sellar las brechas en las cúpulas de la ciudad subterránea. Esc Helena Pinen era un cementerio planetario, pero para los supervivientes, era una mina de oro y muerte. Kaelen comprendió entonces que el cielo esquirlado no

Kaelen ajustó la válvula de su respirador mientras caminaba por la duna de sílice. Cada paso sonaba como cristales rotos bajo sus botas de cuero reforzado. Sabía que no debía mirar hacia arriba por demasiado tiempo; el "esquirlado" tenía una forma hipnótica de fracturar la cordura de los hombres, proyectando visiones de futuros que nunca sucederían o pasados que dolían demasiado recordar. Elara caminaba unos metros por delante, su capa

Bajo el esquirlado cielo de Esc Helena Pinen, el aire no se respiraba, se cortaba. Las nubes, si es que se les podía llamar así, eran fragmentos de cristal de obsidiana que flotaban en una suspensión magnética, reflejando una luz violeta que no parecía venir de ninguna estrella conocida.

—Resina —susurró Elara, acercándose con el extractor listo—. Pero mira el color, Kaelen. Esto no es normal.

La resina no era ámbar, sino del mismo tono que el cielo antes de la Gran Fractura. Al tocarla con la sonda, una imagen se proyectó sobre la superficie del cristal más cercano: un bosque verde, cielos azules y una mujer que se parecía extrañamente a Elara, sonriendo bajo un sol de verdad.